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El chef Adolfo Muñoz une diseño y funcionalidad en sus botellas de plástico para productos de alta calidad

La de Adolfo Muñoz no es solo la historia de un chef de vocación. Lleva 50 años dedicado a la cocina y casi 39 de ellos en Adolfo Restaurante, el negocio que fundó en 1978 en el corazón de Toledo y que funciona como una gran familia.

La pasión y el compromiso de Adolfo con su profesión le han convertido en toda una figura en el mundo de la alta cocina y le han hecho presidente de la Asociación de Restaurantes de Buena Mesa España, en la que hay nombres tan reconocidos como Lucio, Cándido, Duque o Arzak. Pero, por encima de todo esto, Adolfo es un hombre creativo y curioso que no deja de buscar la innovación y la sorpresa, pero siempre desde el máximo respeto al producto y al cliente, basando su carta en platos sanos y de calidad.

Su inconformismo y su esfuerzo constante por innovar le llevaron, hace cuatro años, a crear una botella para su aceite que aunara el diseño de un producto gourmet y la  funcionalidad que hace falta para trabajar en una cocina. “Por eso la hice de plástico –afirma–. En una cocina con mucha gente es muy fácil que le demos un golpe a una botella y se caiga. Si es de cristal, como antes, se puede romper y tenemos que tirar todos los platos que haya alrededor por si les ha caído algún cristal. No podíamos permitirnos ese lujo”. Además de para la botella de aceite, Adolfo ha diseñado recipientes de plástico para su azafrán y su miel.

Gracias a estas botellas, fabricadas en plástico negro para proteger el contenido de la luz y 100% reciclables, es mucho más fácil transportar su aceite. Los clientes pueden comprarla sin miedo a meterla en una maleta, y transportarlas en cajas también es más fácil, ya que pesan menos. “La gente al principio no cree que la botella es de plástico y se sorprende al ver que se cae al suelo y no se rompe”, explica Adolfo. El resultado ha sido  tan bueno que ya tiene en mente el próximo producto en sumar a la lista: han diseñado una botella de plástico para su vermú.

     


“Hay que tomar este tipo de decisiones, lo que sabes que va a ser bueno para ti y para el resto de la gente. Porque pensar en uno mismo es pensar en los demás”. Esta es la filosofía de vida de Adolfo y la base para los pasos que ha ido dando en su carrera. Elegir el plástico para sus botellas le ha beneficiado a él, pero también a su entorno: “El plástico es seguro, totalmente higiénico y permite que los alimentos se conserven sin acelerar el proceso natural de deterioro”.

Por eso él defiende el uso del plástico que, en sus palabras, tiene muchas ventajas en la cocina. No solo las botellas, afirma, también las bolsas de vacío, que utilizan incluso para descongelar alimentos y terminar de prepararlos al baño maría; la posibilidad de tapar alimentos para que se oxiden lo menos posible y el uso de film transparente para envolver las 20.000 botellas de vino de su bodega y proteger así la etiqueta. Y añade que “no hay que despreciar el plástico, hay que utilizarlo bien”.

Para utilizarlo bien, Adolfo habla de la importancia de la reutilización y el reciclaje. Y remarca que las autoridades deberían implicarse más, con nuevas campañas de información y, sobre todo, con la colocación de contenedores para distintos tipos de productos en aquellos lugares en los que todavía no los hay. 

   

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